Misery

Allí estaban, en el sur del país completamente alejados de lo que llamaban hogar, nada mejor y nada peor de igual manera. Es extraño como uno extraña, necesita o se refugia en su rincón seguro. Es extraño porque no importa cuan peligroso dañino o difícil sea este rincón, uno siempre parece preferirlo antes que estar lejos y sufriendo dificultades quizás hasta mínimas, podría decir alguien externo, al rincón, viendo estas dificultades.

Es por ello que esta situación en particular parecía mas difícil y había obtenido un grado de importancia extra personal, podría decirse.

Allí estaba yo, dispuesto a renunciar a mi primer trabajo importante, sintiéndome ambiguo ante la decisión tomada, siempre cuestionándome estaba mi mente, había muchas razones para dejar este trabajo que tanta desilusión dejó y una sola razón para quedarse: miedo. Miedo al que vendrá¡, que vendrá¡ si me quedo, que vendrá¡ si me voy…

Este miedo que habla desde lo lejano de la mente, recordándome que nada sé y que el control no existe, cuestionando en susurros.

Unos meses antes, dos, casi tres, cuando llegamos llenos de deseo, ilusión y planes. Tres pilares de arena movediza donde descansaba nuestro querido éxito, ahora llamado mal comienzo, antes mencionado como un comienzo entusiasta normal.

Éramos muchos, algunos ya estaban hace meses, nosotros recién arribados y habían mas por llegar aún. Llegados allí, dos de mis hermanos, mi padre con su nueva mujer, un amigo de mi infancia y yo.

Trabajamos largo y tendido rodeados de una situación cada vez mas desgastante, donde borracheras, guisos, droga y mas alcohol fueron compartidos en exceso. De trasfondo hubo siempre cosas raras, tratos y silencios, dichos y secretos. Cosas habituales, conocidas, cansadoras y tóxicas que poco a poco fueron desarmando esos pilares de arena ya reseca y quebradiza en los que descansaban las esperanzas de que este negocio sea algo bueno, quizás redituable o al menos beneficioso en algún aspecto.

Asi que allí me encontré yo, por renunciar frente al idiota que en una de las mentiras se había convertido en hermano postizo, quizás la mujer de mi padre aún crea esa historia. Parado del otro lado de la barra, la cual yo mismo había lijado y pintado, acompañado ahora de buena gana y por vez primera por mi padre: – Tengo algo que decirte… – mencione con voz muy seca para alguien de esa edad. Tome un segundo impulso de aire y: – El renuncia! – dijo mi padre adelantado y sonriente miedoso. Mi aire se contuvo, mi mirada se desvió hacia él, dejando al ex jefe idiota de lado. Y así fue, sencillo, nos dirigimos al departamento en silencios y recién ahí mi padre hablo de nuevo: – Disculpa, recién me doy cuenta que lo dije yo – dijo extrañamente sincero. – No importa, vos lo necesitabas mas que yo – respondí todavía asombrado del primer momento de sinceridad compartido con mi padre.

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